Los Cachorros (1967), Novela
Ensayo
Mario Vargas Llosa es un escritor
peruano que nace en Arequipa en 1936. A los 14 años
En 1953 inicia sus estudios universitarios en
Aunque el catálogo como escritor de
Mario Vargas Llosa
A grandes rasgos, la novela corta Los Cachorros, pertenece al género conocido como “novela de crecimiento” ya que en ellas seguimos el proceso de cambio de la vida infantil a la adultez, con la peculiaridad de que este proceso para el protagonista y como se nos cuenta el del resto del grupo de jóvenes de Miraflores está condicionado por la amputación que recibe Cuellar en su infancia.
La emasculación que sufre Cuellar es
el fenómeno con el que el autor toca uno de los temas recurrentes en su obra:
la sexualidad. Mientras en otra de sus novelas,
Estas relaciones de poder con
lógicas machistas son las que afectan con mayor peso el primer pilar. Estas
lógicas machistas sí toman las aptitudes físicas como sustento o formas de validación
de la masculinidad. Para entenderlas, nos tenemos que regresar hasta el título
de los libros ya mencionados: La Ciudad y los Perros, y Los Cachorros. Ambos
títulos convierten al humano en animal; en el primer título, la palabra “perro”
es utilizada para referirse al salvajismo necesario para sobrevivir en el mundo
real. En la línea de sucesión, antes de los perros están los cachorros, niños
que se educan para llegar a ser “perros”. Cuellar, al ser amputado, pierde
legitimación en su masculinidad y los demás “cachorros”, que son niños como él,
se lo hacen saber con el apodo que le ponen: “pichulita”, en referencia al
órgano atacado. Esto deja ver cómo para los personajes y para el mundo de “los
cachorros” el pene tiene un significado moral, idea que se confirma con el
hecho de que los padres no querían que se supiera la lesión de su hijo. La
prevalencia de ese apodo a través de los años condiciona la autopercepción de
Cuellar de acuerdo con el significante burlesco de su apodo. Al momento de
llegar a el despertar sexual propio de la edad, la atracción, relación y
conducta con el sexo opuesto termina siendo afectada por la lógica en donde
este tipo de interacción está
La forma en la que se configuran las relaciones Hombres-Mujer —retomando lo que ya he mencionado— están enfocadas totalmente al carácter físico; por otro lado, los hombres son los únicos que cuentan con voz y con interacciones que dentro de la historia forman relaciones de igual. Durante toda la novela, las únicas mujeres que aparecen son las parejas de “los cachorros” (la madre de Cuellar solo es mencionada en algunos momentos, pero sin voz, lo mismo pasa con otros personajes como Nanette), cuya participación es mínima. En la parte final del libro, cuando se nos dice qué fue de “los cachorros” hechos adultos, aun cuando seguían estando con la misma pareja de su etapa de “cachorros”, ninguna de ellas fue mencionada, solo se aclaró la existencia de la pareja. Incluso son estos mismos personajes femeninos quienes llegan a legitimar la configuración de las relaciones. Esto se puede ver claro en dos escenas; en la primera, son las mujeres quienes critican la relación que tiene “Pichulita” Cuellar con Teresita Arrarte al no pasar de lo que ellos ven como una primera etapa de cortejo la cual no contiene nada físico; la segunda escena es cuando justifican a Teresita ante los miraflorinos por haber preferido a Cachito Arnilla quien sí le “cayó”. En las escenas que acabo de mencionar también está en juego un elemento que está presente todo el tiempo en el libro y que interactúa con el tema de la paternidad; el elemento del que hablo es el silencio por los temas “sensible”.
Para entender el silencio por los
temas “
El mismo silencio sobre los temas
“sensibles” no es característico solo del Sr. Cuellar, es característico de
todos los personajes (tomando en cuenta la sociedad conservadora representada
en el “realismo urbano” de Vargas Llosa). El grupo de miraflorinos cuyos ejes
de sus historias son “Pichulita” Cuellar, también está en un voto de silencia
tácito, el silencio es incluso entre ellos y con su amigo amputado.
El voto de silencio no implicaba
ignorar el elefante en la habitación,
aunque durante toda la novela se evita hablar del tema, cuando se llega hacer
es de una forma muy vaga en donde dan la suficiente información para que tú
como lector puedas suponer algo, pero no dan la suficiente información como
para corroborarlo. Este elemento esta presente tanto en el lenguaje de los
personajes como en el del narrador, incluso la narración llega a ser poco
clara, pero sin llegar a la confusión.
En la narración que presenta Vargas
Llosa queda claro el ataque del perro, no hay duda del hecho, que cuando
Cuellar y Lalo se estaban bañando llegó Judas para atacar, siendo su única víctima Cuellar. Lo que
no se sabe es la gravedad de las lesiones ni sus repercusiones, se sabe que el
ataque duró mucho tiempo y que fue violento, pero en ningún momento utilizan
las palabras: emasculación, castración o amputación por lo que no se puede
afirmar con total seguridad lo que le pasó, es tan posible la emasculación como
la deformación o la impotencia; lo único que se puede decir con total seguridad
es que ese ataque le daño los genitales.
Para llegar a este escenario de
ambigüedad, Vargas Llosa explota al máximo el recurso del narrador y juega con él
y con las voces. Su estilo está compuesto por una serie de capas de voces, en
donde está incluida la del narrador, que se van encimando una sobre otra con la
capacidad de poder ser el narrador por lo que esta figura puede pasar de
primera persona en la voz de un personaje presencial a dejar de ser un
personaje y convertirse en narrador omnisciente. Esa capacidad de poder jugar
con las voces y con el narrador es lo que le permite a Vargas enseñarnos todo
un panorama de relaciones sin tener que decirnos explícitamente que estamos
viendo.
Vargas Llosa, Mario. Los Jefes… y Otros Cuentos. España: Salvat Editoriales, S.A, 1982. Impresión digitalizada.

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