Los Cachorros (1967), Novela

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Ensayo

    Mario Vargas Llosa es un escritor peruano que nace en Arequipa en 1936. A los 14 años entra a la escuela militar Leoncio Prado, experiencia que le sirve de inspiración para su primera novela, la cual fue la que lo catapulto como escritor.

En 1953 inicia sus estudios universitarios en Letras y Derecho de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para después continuar sus estudios doctorales en París. Aunque desde su etapa universitaria se relacionó con la literatura escribiendo en diversos periódicos, es hasta 1962 (año en que recibe el Premio Biblioteca Breve) cuando se consolida como escritor con su primera novela: La ciudad y los perros. A partir de ese momento empieza la carrera de Vargas Llosa como escritor, siguiendo con una serie de títulos con los que obtiene reconocimiento internacional volviéndose uno de los cuatro escritores fundamentales del boom latinoamericano y haciéndose acreedor del premio Nobel de Literatura en 2010.

Aunque el catálogo como escritor de Mario Vargas Llosa está comprendido por ensayos cuentos y novelas, su reconocimiento como escritor se basa principalmente en su trabajo como novelista al ofrecernos obras como: La Ciudad y los Perros, Conversación en la Catedral, La Casa Verde, Pantaleón y las Visitadoras, y Los Cachorros; novela en la que se centrará este trabajo. Los Cachorros es publicada en 1967 mientras el autor se encontraba fuera del de Perú, en Europa específicamente, y desde donde escribió buena parte de su obra perteneciente al boom.

En esta novela Vargas Llosa muestra su talento como escritor al poder presentarnos la serie de configuraciones en relación con la sociedad peruana conservadora de ese momento. Las configuraciones que nos muestran relacionadas al machismo y el desarrollo social junto con la imagen. Como eje central de esto tenemos al personaje de Cuellar y la sexualidad, esta última tratada como un secreto a veces.

A grandes rasgos, la novela corta Los Cachorros, pertenece al género conocido como “novela de crecimiento” ya que en ellas seguimos el proceso de cambio de la vida infantil a la adultez, con la peculiaridad de que este proceso para el protagonista y como se nos cuenta el del resto del grupo de jóvenes de Miraflores está condicionado por la amputación que recibe Cuellar en su infancia.

La emasculación que sufre Cuellar es el fenómeno con el que el autor toca uno de los temas recurrentes en su obra: la sexualidad. Mientras en otra de sus novelas, La Ciudad y los Perros, la sexualidad es tratada como “lo desconocido” (el personaje del Poeta es quien explora la sexualidad al ser algo que no conocía), en Los Cachorros, la sexualidad es la imposibilidad y al mismo tiempo un condicional en cuanto a las formas de las relaciones sociales que no solo se limitan a las interacciones hombre-mujer, se extiende a todas las relaciones ya que está ligado con el prototipo de masculinidad.

El prototipo de masculinidad que propone Vargas Llosa está compuesto por dos importantes pilares; 1) la atracción, relación y conducta con el sexo opuesto, y 2) la gallardía; obvio, ambas entendidas alrededor de la serie de prototipos sociales preexistentes ligados a las lógicas machistas. Este prototipo se ve reflejado en lo que hace y no hace Cuellar a raíz de su amputación, la cual también marca una particularidad en el prototipo de Vargas Llosa, en donde la masculinidad no está totalmente conformada por la fisiología. La pérdida del pene, para el autor, no representa un factor que deslegitime su masculinidad; quienes sí lo hacen, son otros personajes, los cuales están inmersos en una relación de poder con Cuellar.

Estas relaciones de poder con lógicas machistas son las que afectan con mayor peso el primer pilar. Estas lógicas machistas sí toman las aptitudes físicas como sustento o formas de validación de la masculinidad. Para entenderlas, nos tenemos que regresar hasta el título de los libros ya mencionados: La Ciudad y los Perros, y Los Cachorros. Ambos títulos convierten al humano en animal; en el primer título, la palabra “perro” es utilizada para referirse al salvajismo necesario para sobrevivir en el mundo real. En la línea de sucesión, antes de los perros están los cachorros, niños que se educan para llegar a ser “perros”. Cuellar, al ser amputado, pierde legitimación en su masculinidad y los demás “cachorros”, que son niños como él, se lo hacen saber con el apodo que le ponen: “pichulita”, en referencia al órgano atacado. Esto deja ver cómo para los personajes y para el mundo de “los cachorros” el pene tiene un significado moral, idea que se confirma con el hecho de que los padres no querían que se supiera la lesión de su hijo. La prevalencia de ese apodo a través de los años condiciona la autopercepción de Cuellar de acuerdo con el significante burlesco de su apodo. Al momento de llegar a el despertar sexual propio de la edad, la atracción, relación y conducta con el sexo opuesto termina siendo afectada por la lógica en donde este tipo de interacción está condicionada por los órganos sexuales y la relación debe de ser física; Cuellar, al no poder cumplir con las condiciones y el carácter de las relaciones, deja de sentirse aceptado por lo que se separa del camino por el que seguían los de mas “cachorros”: no continua estudiando, vive para tomar, despilfarrar y tentar al destino.

En este estilo de vida es en donde él es quien tiene “el poderoso Nash”, quien salta las olas, quien se dedica al vandalismo sin sentido… toda su temeridad que supera a las de los demás es la forma en la que “Pichulita” Cuellar compensa su imposibilidad de tener una relación, cuyo carácter sea físico con una mujer. De aquí podemos ver otros dos puntos presentes en esta obra: el rol de la paternidad y el carácter de las relaciones Hombre-Mujer.

La forma en la que se configuran las relaciones Hombres-Mujer —retomando lo que ya he mencionado— están enfocadas totalmente al carácter físico; por otro lado, los hombres son los únicos que cuentan con voz y con interacciones que dentro de la historia forman relaciones de igual. Durante toda la novela, las únicas mujeres que aparecen son las parejas de “los cachorros” (la madre de Cuellar solo es mencionada en algunos momentos, pero sin voz, lo mismo pasa con otros personajes como Nanette), cuya participación es mínima. En la parte final del libro, cuando se nos dice qué fue de “los cachorros” hechos adultos, aun cuando seguían estando con la misma pareja de su etapa de “cachorros”, ninguna de ellas fue mencionada, solo se aclaró la existencia de la pareja. Incluso son estos mismos personajes femeninos quienes llegan a legitimar la configuración de las relaciones. Esto se puede ver claro en dos escenas; en la primera, son las mujeres quienes critican la relación que tiene “Pichulita” Cuellar con Teresita Arrarte al no pasar de lo que ellos ven como una primera etapa de cortejo la cual no contiene nada físico; la segunda escena es cuando justifican a Teresita ante los miraflorinos por haber preferido a Cachito Arnilla quien sí le “cayó”. En las escenas que acabo de mencionar también está en juego un elemento que está presente todo el tiempo en el libro y que interactúa con el tema de la paternidad; el elemento del que hablo es el silencio por los temas “sensible”.

Para entender el silencio por los temas “sensibles” y la paternidad, hay que tomar en cuenta que Vargas Llosas escribe sobre una sociedad conservadora, la peruana de mitad de siglo. Tomando en cuenta la época es como vemos (ni siquiera desarrollarse) la paternidad del señor Cuellar, de quien lo único que sabemos, aparte del nombre, es lo que dicen de él (en espacial “Pichulita” Cuellar) y lo que se puede deducir de él.

El Sr. Cuellar es un padre que se preocupa por su hijo obligándolo a ser buen estudiante y dándole una educación estricta, pero que nunca está presente, incluso cuando “Pichulita” Cuellar es atacado por el perro, nunca sabemos que acompañe a su hijo, sabemos que condena enérgicamente a los religiosos por haber permitido el ataque. Después de la emasculación que sufre su hijo sigue mostrándose como un padre preocupado, pero sigue brillando por su ausencia. Durante toda la primera etapa de vividor de su hijo, él lo mantiene, le solventa sus vicios y le compra un auto, esto con el fin de que se sienta mejor (cosa que deja claro desde que le permite relajarse con la escuela cuando se recupera de sus heridas). A pesar de que la emasculación de “Pichulita” Cuellar es el eje por el cual se nos muestra al Sr. Cuellar, este nunca habla del incidente salvo en dos ocasiones, cuando le comunica a su hijo que prefiere mantener la magnitud de sus heridas en secreto y cuando busca a un doctor que le pueda ayudar; hay que tomar en cuenta que esas conversaciones no se muestran, son mencionadas por “Pichulita” Cuellar; con lo anterior se ve claramente la postura de guardar silencio o de no hablar claro sobre el tema; del doctor no se sabe ni que tipo de doctor es ni qué puede hacer, solo se sabe que exista la posibilidad de que pueda ayudar. En esta relación padre-hijo, lo que podemos ver es una relación que busca el bienestar desde el padre para el hijo sin la necesidad de comunicación para evitar sacar a la luz el tema del incidente y su consecuencia, por ser este un tema que afecta a los dos personajes.


El mismo silencio sobre los temas “sensibles” no es característico solo del Sr. Cuellar, es característico de todos los personajes (tomando en cuenta la sociedad conservadora representada en el “realismo urbano” de Vargas Llosa). El grupo de miraflorinos cuyos ejes de sus historias son “Pichulita” Cuellar, también está en un voto de silencia tácito, el silencio es incluso entre ellos y con su amigo amputado.


El voto de silencio no implicaba ignorar el elefante en la habitación, aunque durante toda la novela se evita hablar del tema, cuando se llega hacer es de una forma muy vaga en donde dan la suficiente información para que tú como lector puedas suponer algo, pero no dan la suficiente información como para corroborarlo. Este elemento esta presente tanto en el lenguaje de los personajes como en el del narrador, incluso la narración llega a ser poco clara, pero sin llegar a la confusión.


En la narración que presenta Vargas Llosa queda claro el ataque del perro, no hay duda del hecho, que cuando Cuellar y Lalo se estaban bañando llegó Judas para atacar, siendo su única víctima Cuellar. Lo que no se sabe es la gravedad de las lesiones ni sus repercusiones, se sabe que el ataque duró mucho tiempo y que fue violento, pero en ningún momento utilizan las palabras: emasculación, castración o amputación por lo que no se puede afirmar con total seguridad lo que le pasó, es tan posible la emasculación como la deformación o la impotencia; lo único que se puede decir con total seguridad es que ese ataque le daño los genitales.
Para llegar a este escenario de ambigüedad, Vargas Llosa explota al máximo el recurso del narrador y juega con él y con las voces. Su estilo está compuesto por una serie de capas de voces, en donde está incluida la del narrador, que se van encimando una sobre otra con la capacidad de poder ser el narrador por lo que esta figura puede pasar de primera persona en la voz de un personaje presencial a dejar de ser un personaje y convertirse en narrador omnisciente. Esa capacidad de poder jugar con las voces y con el narrador es lo que le permite a Vargas enseñarnos todo un panorama de relaciones sin tener que decirnos explícitamente que estamos viendo.

Vargas Llosa, Mario. Los Jefes… y Otros Cuentos. España: Salvat Editoriales, S.A, 1982. Impresión digitalizada.

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